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Para muchos llorar es un síntoma de debilidad, sin embargo ser débil no necesariamente es algo malo. Estar en un momento doloroso en el que nos sentimos confundidos, heridos o sin esperanza, nos puede llevar a reconocer que somos pobres de espíritu, que tenemos limitaciones y que necesitamos a Dios porque solo de él provienen la fuerza, el consuelo y la respuesta a nuestra necesidad.

¿Por qué lloras?

Hace un tiempo me sentí traicionado por un amigo y estuve triste varios días, pensaba en qué hacer y en medio del llanto y el dolor Dios me dijo que tenía el control de todo, su respuesta fue: quédate quieto, yo voy delante de ti. Qué difícil es estar quieto y dejar que Dios haga su voluntad en medio de momentos difíciles, confiar y creer que él hará algo bueno en cualquier circunstancia.

Ser bendecido a través del dolor no parece tener mucho sentido pero si el dolor  nos hace conscientes de la soberanía de Dios y de las fallas y las imposibilidades que tenemos como seres humanos, entonces seremos bendecidos.

Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Mateo 5:3-4

La respuesta

El Señor no siempre hará lo que esperas, su respuesta sobrepasa nuestra expectativa, su respuesta es paz, consuelo y su presencia misma que quiere venir sobre nosotros y envolvernos para renovar nuestra alegría y confianza en él para  enfrentar lo que sea que estemos viviendo. Es definitivo que él escucha nuestro llanto y está dispuesto a sanar un corazón roto.

Te animó para que tu llanto te lleve a humillarte ante Dios y puedas ver la capacidad que él tiene para consolarte, para secar tus lagrimas y limpiar tu dolor. Que tu llanto sea una bendición que te acerque a él y puedas ver su gloria.

Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas. Salmo 147:3

 

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