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¿Y si al mirar atrás te convirtieras en una estatua de sal?

Hay maneras de mirar atrás, una nos inspira al recordar victorias pasadas sobre lo que parecía imposible, eso aviva nuestra fe y nos anima. Otra puede ser como lo prefirió la esposa de Lot, ella miró hacia Sodoma, el lugar del cual Dios quería rescatarla para salvarla de la muerte, su mirada reflejó un corazón que había decidido vivir lejos de Dios, a tal punto que esto acabó con su vida.

¿Qué tienes que dejar de mirar?

La voluntad de Dios es que avancemos, que quitemos nuestra mirada de costumbres, hábitos, deseos y recuerdos que nos hacen daño que ponemos por encima de él, o aquellos triunfos y victorias pasadas que no nos dejan ver los nuevos retos. Para tener visión es necesario dejar de mirar atrás.

¿Vas solo?

En la ruta, el relevo se trata de una colaboración con otro corredor con el fin de repartir el desgaste. Para llegar a la meta necesitamos la fuerza que tiene el que vive en nosotros, ese poder de Dios nos permite resistir y avanzar confiando en lo que traerá el futuro. Sin Dios no lograremos llegar a la meta.

 

“El camino de los justos es como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor.” Proverbios 4:18

Dios quiere que andemos en el camino de su verdad, una ruta de perseverancia que desarrolla nuestra fe en cada etapa de la vida y nos da libertad para dejar atrás el peso de un cadáver que retrocede al pasado, dificulta el andar y detiene lo que podría traer el futuro.

El rey de la montaña es Jesús, cuando tenemos nuestros ojos puestos en la cima amamos lo que él ama y nuestra visión del futuro es clara: El mañana será glorioso, somos salvos.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 COR: 5:17